Háblame de la emigración

María trabajaba en A Coruña como sastra pero a los 22 años tuvo que irse con su marido hacia Inglaterra, ya con un contrato de trabajo de camarera. Tuvo que dejar a sus hijos, de nueve meses y tres años, al cuidado de la abuela. Nada más llegar comenzó como ayudante de cocina por tres libras a la semana. En esos primeros momentos fueron cambiando de empleo con relativa frecuencia; mientras estuvieron en Londres trabajaban por separado, María en un hotel de bed&breakfast e Isidro, su marido, como camarero en un restaurante.

Al poco tiempo se trasladaron a Bristol, donde habían conseguido ocuparse en el Gran Hotel y en el Gran Spa, dos complejos de la misma cadena. Como el hotel no les proporcionaba habitación estaban de alquiler. A pesar de eso eran capaces de ahorrar más de la mitad de lo que ganaban para enviarlo a España para la abuela y los niños. En el año 62 su hermano fue también al Reino Unido para dedicarse, al igual que ellos, a la hostelería. Pocos meses después pudieron llevar consigo a los niños. La llegada de los pequeños obligó a María a dejar el trabajo para poder atenderlos, aunque para contribuir a la economía doméstica hacía en casa trabajos de costura que le enviaba un sastre y también servía las cenas del personal médico de un hospital.

Poco después llegó la madre de María para ayudarles en la casa en que vivían en Bristol lo que, unido a la escolarización de los niños, le permitió volver a trabajar en el Hotel Spa como camarera de piso. Por la mañana servía los desayunos y luego se encargaba de organizar y contar las piezas que pasaban para lavar.
Motivacións para emigrar, profesións no país de destino, situación familiar, a vida no país de destino…

María trabajaba en A Coruña como sastra pero a los 22 años tuvo que irse con su marido hacia Inglaterra, ya con un contrato de trabajo de camarera. Tuvo que dejar a sus hijos, de nueve meses y tres años, al cuidado de la abuela. Nada más llegar comenzó como ayudante de cocina por tres libras a la semana. En esos primeros momentos fueron cambiando de empleo con relativa frecuencia; mientras estuvieron en Londres trabajaban por separado, María en un hotel de bed&breakfast e Isidro, su marido, como camarero en un restaurante.

Al poco tiempo se trasladaron a Bristol, donde habían conseguido ocuparse en el Gran Hotel y en el Gran Spa, dos complejos de la misma cadena. Como el hotel no les proporcionaba habitación estaban de alquiler. A pesar de eso eran capaces de ahorrar más de la mitad de lo que ganaban para enviarlo a España para la abuela y los niños. En el año 62 su hermano fue también al Reino Unido para dedicarse, al igual que ellos, a la hostelería. Pocos meses después pudieron llevar consigo a los niños. La llegada de los pequeños obligó a María a dejar el trabajo para poder atenderlos, aunque para contribuir a la economía doméstica hacía en casa trabajos de costura que le enviaba un sastre y también servía las cenas del personal médico de un hospital.

Poco después llegó la madre de María para ayudarles en la casa en que vivían en Bristol lo que, unido a la escolarización de los niños, le permitió volver a trabajar en el Hotel Spa como camarera de piso. Por la mañana servía los desayunos y luego se encargaba de organizar y contar las piezas que pasaban para lavar.

Pasado un tiempo una amiga la convenció para cambiar de oficio en una fábrica de chocolate donde, supuestamente, se ganaba más dinero, sin embargo se trabajaba a destajo, por lo que tenía que hacer muchas horas desde la entrada a las cuatro de la mañana. Ese fue el motivo por el que, pasado el primer mes, lo dejase para volver a la labor en el hotel.

En el año 1970 les surgió la oportunidad de volver a Galicia para trabajar en el Hotel Sancrisa de A Coruña, pero la experiencia no fue positiva, ya que tardaron mucho en contratarlos e Isidro tuvo que marcharse de nuevo, en esta ocasión a Gales, mientras ella se quedaba en la ciudad herculina hasta que, tan solo quince días después de marcharse Isidro, la llamó para contarle que le había conseguido un contrato en el King’s Head, donde estuvo hasta el año 1971.

Cuando volvieron a A Coruña de forma definitiva enseguida fue a hablar con el sastre para el que había trabajado de soltera con el fin de que le realizara encargos con los que poder trabajar desde casa. El retorno le resultó más llevadero que a Isidro.