Teresa nació en Brión. Mucha de su familia tuvo que coger el camino de la emigración en busca de trabajo, así, tres de sus hermanos se marcharon a Venezuela y una cuarta se fue a Londres, ciudad a la que también ella se acabaría yendo en 1963, precisamente, llamada por la hermana que ya llevaba tiempo en la capital británica. La decisión de marcharse fue muy complicada pues ella y su marido tenían que dejar a sus dos hijos con la suegra, de uno y seis años de edad. De hecho, cuenta que el viaje en tren desde A Coruña a Hendaya fue un no parar de llorar.
Se fueron con las cuatro cosas que tenían, la ropa que llevaban de los dos iba bailando dentro de una maleta. Dos puestos de trabajo ya estaban esperando por ellos en Londres, él como camarero y ella en el servicio de limpieza de un hotel. En él se alojaban sobre todo profesorado, abogacía y profesionales de la medicina, que vivían allí todo el año.
Después de trabajar a destajo y ahorrar mucho, consiguieron volver a Galicia dos años después, contando los minutos para poder ver de nuevo a sus pequeños. Esos ratos de felicidad duraron poco, puesto que tenían que volver a marcharse. A su regreso, Teresa siguió empleada en el mismo tipo de trabajo, pero se trasladó a otro hotel en Piccadilly Circus por un aumento en el salario, se llamaba La cabina del capitán, un lugar que frecuentaba la gente popular de la televisión.
En general en Inglaterra Teresa se encontró cómoda y muy querida. No hablaba un inglés fluido para relacionarse, pero gracias a las compañeras de trabajo y a los huéspedes fue mejorando y conseguía comunicarse. En esa etapa intentaba compaginar el trabajo de limpieza en el hotel y en un hospital. A pesar de tanta dedicación volvió para Galicia con una pensión pequeña, pues había tiempo laboral que no se cotizaba. Su ilusión no era otra que ahorrar un dinero para volver a Galicia con sus hijos.
En 1970 decidieron retornar a pesar de que su hermana les decía que se quedaran. Teresa cuenta que su hermana a día de hoy es como si fuera un poco de allí pues, aunque también volvió a casa, sigue pasando largas temporadas en la isla donde tiene muchas amistades.
Teresa y su marido al venir se instalan en Santiago de Compostela, ciudad en la que notó diferencias en el trato. Londres era moderna, la educación y el respeto estaban siempre presentes, mientras que el Santiago de los 70 era distinto. Se sentía mejor acogida en su aldea, donde iba a menudo en su Seat 850 –que había comprado por 106.000 pesetas– para estar con su suegra, que no había querido venir para Santiago. Hoy cambió de opinión y dice que la aldea, mejor para el verano.