A la edad de 13 años, Juan y sus dos hermanas, de la mano de su madre, estaban listos para subir al avión que los llevaría a Nueva York. Los esperaba su padre, que había emigrado hacía algún tiempo, llamado por su hermano. En Boiro quedarían sus mejores recuerdos de infancia, los baños en la playa de Barraña, las tardes con la pandilla en el bar La Cueva o las partidas en la pinball, esos caramelos por un patacón y chicles y petardos por una peseta de la tienda de Felipe “O Chono". El jardín de la casa... las grandes aventuras imaginadas entre sus árboles, donde las almas de la corte también fueron protagonistas.
Todo iba a cambiar por esos rascacielos y coches de película que veía en las postales que le enviaba su padre desde América. Poner un pie en el aeropuerto de Nueva York era entrar en contacto con el frío de verdad, era un 17 de febrero y la nieve cubría todo lo que podía ver.
El cambio de residencia implicó dejar atrás los espacios abiertos de su casa con jardín, ahora toda la familia debía instalarse en un apartamento y asistir obligatoriamente a la clase de inglés durante 6 meses.
Fueron tiempos de adaptación y sacrificio, ganó su primer dólar recogiendo periódicos de la basura para llevarlos a reciclar con los que compraba tabaco y chicles. Al poco tiempo, a los 14 años, empezó a trabajar en un hotel ayudando al supervisor de mantenimiento, haciendo un poco de todo.
Su madre le compró una bicicleta de carreras como recompensa por su arduo trabajo, estudiando y también trabajando los fines de semana en el Super que regentaban sus padres. A la edad de 16 años, obtuvo su licencia de conducir, lo que le permitió hacer viajes limitados en la camioneta para comprar productos para la tienda.
Con muchas ganas de aprender, estudió y trabajó al mismo tiempo y así logró aprobar los dos cursos equivalentes al bachillerato español, en un solo año. A la edad de 17 años, comenzó a estudiar Ciencias de la Computación y Administración en la Universidad. En ese tiempo iba a clase hasta las 4 de la tarde y seguía trabajando de 4 a 12 de la noche, como operador de computación. Se sintió muy bienvenido y se integró fácilmente en la ciudad que todos veíamos en las películas y en la televisión. Eso sí, recuerda que su mejor amigo, que vivía en el mismo edificio, era de Pontevedra y no olvida esos bailes en el Club España de la Casa Galicia, donde conoció a muchos gallegos, esas discotecas y primeros amores, los viajes por un país enorme, o los juegos de baloncesto, béisbol e incluso fútbol americano.
Estados Unidos estaba a la cabeza en muchas cosas, aunque estaba fuertemente influenciado por las modas francesas o inglesas en la ropa. Vivían en un entorno social con igualdad de trato entre hombres y mujeres, era una democracia moderna que aún estaba por llegar a Galicia.
Muchas horas de estudio lo llevaron a graduarse de la Universidad y comenzó a trabajar como programador informático, luego analista y luego consultor en empresas multinacionales (1982-1990).
De 1973 a 1980 no volvió a su casa de Galicia, estuvo 7 años seguidos allí, y luego entre 1980 y 1992 vinieron dos veces. La muerte de su madre en 1992 marcó una decisión impensable hasta ese momento. El entierro trajo a la familia a su Boiro de la infancia y, aconsejado por la familia, se quedó y montó una consultoría informática que estaría en funcionamiento hasta el año 2000, en el que la vida de Juan dio otro giro y decidió tomarse un año sabático y , con una mochila a las espaldas inició el Camino de Santiago.
Esas horas de introspección le llevaron a pensar en dejar la vida monótona, volcada en el trabajo, y decidió dedicarse al mundo del arte, de la pintura, en el que se encuentra inmerso actualmente.
Como decía el pintor, a cuya muerte en 2023 celebramos el 50 aniversario de su muerte, Pablo Picasso: “Cuando me llegue la inspiración, que me coja trabajando”. Seguro que con nuestro protagonista, será así.