Elena se va a trabajar a Caracas. Su marido, Manuel, ya se marchara hacía 17 años. Aquí quedaban, con su abuela, las dos hijas de 14 y 16 años.
Recuerda su viaje en avión que duró 12 horas. “Llevaba una maleta y lo puesto”. Antes de aterrizar divisaba desde la ventanilla aquellos inmensos ranchos inimaginables desde Galicia. Recuerda también aquella ciudad inmensa, llena de grandes carreteras y llena de coches y con un clima tropical muy diferente al que dejara en Santiago en aquel mes de diciembre.
Pronto empezaría a trabajar en aquellas jornadas que empezaban a las 7 de la mañana de lunes a sábado. Primero, como asistenta, planchando, limpiando… después tendrían un pequeño kiosko y seguiría limpiando en aquellos grandes edificios de VIASA (Empresa Internacional de aviación de Venezuela). Después ella y su marido pasarían a llevar la conserjería de un edificio en la zona principal de Caracas, “utilizaban grandes aspiradoras y abrillantadoras para el mantenimiento de aquellos edificios de tanto lujo”. Cuenta también como, con una pequeña máquina de palomitas, hiciera mucho dinero con los estudiantes de la Universidad. Eran buenos tiempos para los gallegos que iban a Venezuela con ganas de trabajar, cuando el bolívar tenía casi el valor del dólar al cambio (1 bolívar = 150 pesetas)
Allí se sentía muy querida y respetada, aunque había unos pocos que les llamaban “Muxus” despectivamente diciendo que les quitaban el trabajo. Siempre con mucho ánimo para trabajar, como la mayoría de los gallegos y gallegas, comenta como en aquellos tiempos saliera una norma por la que las empresas debían contar con un 90% de sus trabajadores venezolanos, por lo que muchos optaron por obtener la nacionalidad. También había momentos para el ocio, las reuniones en los Junquitos, donde los gallegos se reunían los fines de semana ó los bailes en la Hermandad Gallega ó aquellas playas de la Guaira. Cuando ella llegó a la zona de San Antonio era una zona sin cultivar donde muchos fueron estableciendo sus viviendas y después, trabajando la tierra llegaron a tener importantes plantaciones (aquella tierra con la ayuda de la climatología era especialmente fértil y a los gallegos el trabajo en el campo no les era ajeno). Los caraqueños eran muy acogedores y ayudaban mucho a los gallegos. Le llamaba mucho la atención como los portugueses se ayudaban mucho entre ellos, formaban piña, llegando a tener la mayoría de las panaderías y pastelerías de la ciudad.
Elena, comenta también, como las mujeres vivían de una forma completamente diferente a lo que pasaba en Galicia, donde “el machismo era ley”. Las venezolanas vestían diferente, de una forma mucho más “liberal”. “Allí sus padres querían que estudiaran, en España solo servíamos para trabajar en casa, eran muy pocas las que tenían acceso a estudios superiores. En las escuelas ya se nos preparaba para eso”.
En 1974 vuelve por primera vez a su tierra y, en el viaje de vuelta a Caracas, la acompaña su hija menor ya graduada en enfermería que, aún no conocía a su padre. Tomaría la decisión de volver definitivamente para Santiago en 1979, su marido volvería un año después.
En Caracas quedaron muchos amigos, pero la familia y la morriña de la tierra la trajeron de vuelta. Al llegar encontró una Galicia muy cambiada, “donde había caminos ahora había carreteras…”
Se siente muy agradecida por lo que le dio aquel país, y ahora también está triste por ver la situación actual de Venezuela.
Colaboradores
Elena Cancela Rodríguez
- País de destino: Venezuela
- Año de emigración: 1971
- Año de retorno: 1980