Háblame de la emigración

Mi abuelo emigró en 1961 a Inglaterra por motivos laborales. Como se iban unos amigos se marchó con ellos, y aunque encontró trabajo enseguida, lo cierto es que la vida allí era un poco deprimente. Estaba empleado en un pub de 6 de la tarde a 9 de la mañana y apenas veía el sol porque salía de trabajar a las 11 de la mañana, y luego tocaba descansar y en nada se hacía de noche. En sus ratos libres iba al baile, donde conoció a mi abuela, que también estaba allí emigrada desde cinco años atrás.

Él destaca que odiaba la comida y que no paraba de llover, peor incluso que en Galicia. Vivían en un edificio con un bajo y un primero destinado a emigrantes, ellos ocupaban el bajo y unos amigos, el primero. De este modo se hacía más llevadera la vida social, pero echaban en falta a su gente porque la comunicación no era muy fluida. Se hablaban con la familia a través de cartas y, en ocasiones muy especiales, por teléfono.

En Inglaterra se casaron y tuvieron a su primer hijo, que nació con problemas pulmonares, motivo por el que acabaron teniendo que volver debido al clima, que no ayudaba a superar la enfermedad. Así que primero volvió mi abuela y a los seis meses, mi abuelo.

Para él la emigración fue prácticamente su vida, ya que vivió fuera sus decisiones más importantes. La parte negativa fue la separación de la familia.