Háblame de la emigración

En mi familia hubo muchas historias sobre la emigración: tengo tíos y abuelos que emigraron a Suíza, tíos y primos en Argentina... Entre todas ellas escogí la historia de mi bisabuelo Vicente, hombre que nació en Coristanco alrededor de 1895 y murió en Xoane, Carballo, en 1993. Vicente emigró dos veces a Cuba, aproximadamente dos años de cada vez, y con poco tiempo entre ambas estancias. Pero, antes de contar su historia, tengo que hablar de sus motivaciones, de lo que lo empujó a salir de su tierra.
Antes de marchar, él trabajaba en sus fincas y cuidaba de sus dos o tres vacas que poseía, pero su situación empezó a cambiar cuando se dedicó a cuidar de unos señores mayores, que al no tener familia, le dejaron una pequeña casa y una tierra en Sísamo al morir.
Lo que mi bisabuelo no sabía es que estos bienes que heredara traían una gran deuda consigo, lo que hizo que tuviera que marchar a América para saldarlas. A pesar de que la vida en Galicia en esa época era difícil, que lo que más dinero daba en su zona era la minería de volframio en Monte Neme, él siempre tuvo la idea de volver, y por eso se dirigió a Cuba, ya que era un país con buena fama junto con Uruguay, pero los que se establecían en Uruguay no solían volver (como le pasó a su cuñado, que abandonó finalmente a su familia y formó una nueva allí).
Así, con 35 años y dejando atrás a su mujer y a sus cuatro hijos, embarcó llorando en Vigo. El viaje en barco, de 23 días, fue una de sus mayores dificultades, debido principalmente a la gran cantidad de gente y a las malas condiciones del barco. Tan malas eran que un hombre murió y otro estuvo a punto. Estas duras travesías fueron mejorando con la generalización de los buques a vapor y el aumento de la velocidad, seguridad y regularidad de los viajes por este medio, pero en su época y con sus recursos no se podía pedir más.
Cuando llegó a Cuba, con toda la gente del barco que no era reclamada por familiares o conocidos, se dirigió a un lugar al que llamaban triscornia. En esta instalación, la gente vivía y esperaba hasta encontrar un trabajo. Vicente lo consiguió gracias a un cuñado suyo, que lo puso a trabajar en una fábrica de cemento en Camagüei, donde se estableció en una barraca. Por ello, el trabajo allí fue otra de sus adversidades, pues se sentía como un esclavo en las duras condiciones de la fábrica de cemento, teniéndole siempre miedo a la corriente que marchaba constantemente. Después de esto estuvo trabajando en una fábrica de hielo, pero los pesados bloques que tenía que cargar y el extremo frío que pasaba allí acabaron con él. Finalmente, y durante el resto de su estancia en Cuba, se dedicó a cortar caña de azúcar.

Así, cuando consiguió el suficiente dinero para saldar sus deudas, volvió a Galicia, donde quedó poco tiempo antes de regresar a Cuba con el fin de ganar algo de dinero para arreglar su casa. Allí, lo único que le ayudaba a sobrellevar el día a día era la compañía de los amigos y amigas que hiciera, pero la gran morriña que sentía por su tierra lo llevó a volver a ésta cuando juntó un poco dinero, teniendo mi abuelo, al que le agradezco que me contara esta historia, diez años. Desafortunadamente, y probablemente debido al viaje de vuelta en barco, mi bisabuelo enfermó.
En los últimos años de su larga vida, Vicente se dedicaba a trabajar las fincas, cuidar de sus pocas vacas y a trabajar los jardines de unos hermanos de salientada economía que vivían en Carballo. Finalmente, murió en 1993 en Xoane, una pequeña aldea en el ayuntamiento de Carballo. En esa misma casa en la que él murió fue en la que vivieron posteriormente mi abuelo y mi madre y donde yo me crié. Esta fue la historia de un emigrante que, como otros tantos, no se enriqueció con sus viajes, pero superó muchas dificultades y luchó para sacar adelante a su familia, y por eso lo escogí para tratar de resumir su vida en este breve escrito.