Háblame de la emigración

Elena no guarda buenos recuerdos de la emigración. Ella no emigró en primera persona, pero tuvo que vivir la partida de sus padres. Esta situación fue una carga importante para muchas familias que por aquel entonces vivían el adiós. Abuelos o tíos que quedaban a cargo de los niños, y los propios pequeños que se daban cuenta de la ausencia de la madre y del padre, tuvieron que vivir una situación muy difícil, que muchos de ellos aún arrastran hoy.
El caso de Elena se dio cuando tenía doce años y su padre decidió emigrar a Venezuela. No volvió a saber nada más de él durante cuarenta y cuatro años, nada menos. Tan solo recibían el dinero que con sacrificio les podía mandar. Por otra banda, su madre, una mujer audaz que pretendía mejorar la situación de la familia, años después emprendía viaje hacia Inglaterra, a Londres. Y desde allí enviaba también dinero para la casa, donde se había quedado la abuela al cuidado de ella y de sus hermanas. Con su madre solo conseguía hablar por carta, así que en general tampoco con ella mantenía mucho vínculo.
Años después consiguieron volver, primero su madre y después su padre. Para Elena la familia siempre se debería mantener unida, y ellos, como tantos otros, se perdieron eso por la mejora de la economía en el hogar.

 

Cuando fue a buscar a su madre al aeropuerto
Padre de Elena y de Isabel que emigró a Venezuela en 1953
En su pedida de mano con la foto de su hermana Isabel y de su cuñado Tito que estaban en Londres
Primera visita a su hermana y a su madre en Londres
Su madre Virtudes que emigró a Londres en 1962
Cuando fue a visitar a su madre y a su hermana