Sara puso rumbo a Londres con tan solo dieciséis años, acompañando a su tía. Al principio asistió a un colegio para aprender el idioma, y a los dos años de llegar, con dieciocho, empezó a trabajar en el servicio doméstico, donde reconoce que se sintió respetada, aunque en el sector había cierto abuso laboral.
Londres se convirtió en su hogar durante ocho años y, aunque al principio se sintió sola, se terminó adaptando a la gran ciudad al hacer amigos ingleses, y se integró muy bien en la vida social de la capital británica.
Después de ocho años en la emigración, Sara empezó a alternar estancias en Londres y España hasta acabar definitivamente de vuelta en casa. El regreso se le hizo extraño, la rutina aquí era muy distinta y echaba en falta muchas costumbres inglesas. Para Sara la experiencia de la emigración fue muy positiva, y aun tiene nostalgia de Inglaterra.