Háblame de la emigración

Mi experiencia de emigración es muy extensa, porque aunque nací en Uruguay, soy nieta, madre y esposa de emigrantes.

Mis abuelos paternos eran de origen vasco, de Navarra. Mi abuelo Juan Basilio Meoqui, emigró a Uruguay en el año 1889; no tengo seguridad de cuál fue el motivo y lo que pienso es que pudo ser debido a las guerras Carlistas o a que el patrimonio familiar en esa época, era heredado por el hijo mayor para no fraccionar las tierras y los demás hermanos pequeños, como el caso de mi abuelo, no tenían derecho a nada.

Mi abuelo vasco se fue a la zona rural de Uruguay y llegó a tener un establecimiento ganadero importante, pero murió joven, con 55 años, dejando 13 hijos, el mayor con 18 años.

Mis abuelos maternos eran gallegos de Arteixo y Bens, A Coruña. Mi abuelo Alejandro Alfonso, único abuelo que conocí e interactué con él, falleció cuando yo tenía 12 años, emigró a Montevideo por el año 1911 para mejorar su calidad de vida. Me contaba que aquí en Galicia, cuidaba ovejas, aunque en su pasaporte aparecía de profesión jornalero, y pasaba el día con el único sustento de un “molete de pan con cebolas” , lo único que comía hasta la noche, cuando, con suerte, tenía un caldo “flaco” para calentarse e ir a dormir.

Mi abuelo gallego emigró a Uruguay con 21 años y para entrar legalmente a Uruguay en esa época, debían ser reclamados por un familiar o conocido que se tenía que hacer cargo de él hasta que lograra independizarse. En este caso, fue el tío, éste le consiguió un trabajo en la estiba del puerto, que era muy duro y agotador. Cuando llegaba a dormir muy cansado por la noche, su tío aprovechaba y le quitaba gran parte de lo que ganaba. Gracias a paisanos gallegos que conoció allá, logró conseguir trabajos en la construcción y a partir de ahí comenzó a salir adelante.

Estos acontecimientos ocurrieron a fines del siglo XIX y principios del XX, pero más cercano y doloroso para mí, fue que, en el 2003 en una crisis económica en Uruguay mi hijo de 22 años pasó al paro y con algunos ahorros que tenía decidió probar suerte en Galicia, igual que habían hecho mis abuelos emigrando a Uruguay. Sé que no le resultó nada fácil, no tenía papeles por lo que aprovechaban para pagarle muy poco y así estuvo durante dos años; más tarde, con una ley que se aprobó, por la que teniendo dos años de empadronamiento y un contrato de trabajo se les otorgaba un permiso de residencia, pudo optar a otro tipo de trabajos más cualificados y mejor pagados.

A los pocos meses de estar aquí, su novia lo siguió. Aunque ella era maestra y tenía dos trabajos, lo dejó todo por amor y decidió seguirlo; en su caso trabajó en la cocina de restaurantes y de camarera en un bar de hotel.

En el 2009 nació en A Guardia, Pontevedra, mi nieto Mateo.

Cuando surgió la crisis económica en España, en el 2012, debido a las dificultades por las que estaban pasando, decidieron retornar a Uruguay, por lo que les ayudé económicamente y estuvieron viviendo conmigo un año mientras construían su casa.

Mi nieto con 4 años, sufrió muchísimo, lloraba y decía que quería volver a su país, que ese no era su país, preguntando continuamente que cuándo se iban en el avión. Poco a poco se fue acostumbrando y hoy apenas tiene recuerdos de sus primeros cuatro años en A Guardia. Hoy en día, tanto mi hijo como mi nuera y nieto están totalmente integrados.

Mi acercamiento a Galicia, fue por la decisión de mi hijo de venir aquí; coincidió con ver en la televisión un programa “España vale” que hacía referencia a Galicia y en la propaganda invitaban a aprender gallego en Casa de Galicia y esta fue la primera puerta de entrada para mí a la colectividad gallega.

No solo me interesó el idioma, sino también, su historia, su cultura, sus costumbres…., incluso llegué a estar en la directiva del Patronato de la Cultura gallega y a participar activamente en muchas de las actividades que se organizaban.

Mi marido, nacido en Coirós, lo llevaron con nueve años para Montevideo. Su padre, Manuel, marchó primero, en 1955 y un año después lo hizo su esposa Lola y su hijo Vicente, mi marido.

Manuel marchó porque tenía grandes problemas de salud y los trabajos del campo a la intemperie lo estaban perjudicando. Afortunadamente, en Uruguay siempre tuvo trabajos de ventas en empresas o en fábricas, lo cual favoreció que su salud mejorara. Lola siempre trabajó en la cocina de un importante Hospital.

Mi marido quería regresar a su tierra, pero yo en Uruguay tenía un buen trabajo y no quería venir a la aventura. Cuando me jubilé en 2016 vinimos a probar para ver si me adaptaba a la vida de aquí, de Betanzos ; no solo me adapté, sino que adoro vivir en Betanzos y desde el primer momento me sentí muy bien acogida, perfectamente integrada. Siempre tuvimos la suerte de contar con la ayuda inestimable e incondicional de un primo de mi marido y su familia.