José fue el pequeño de ocho hermanos. Los dos mayores y la hermana más joven ya tomaran el camino de la emigración, yendo a Venezuela.
José decidió marchar con tan sólo 17 años a Venezuela, donde estaban sus hermanos. Emigró porque tenía claro que le gustaba el comercio y que para trabajar de eso tenía que salir fuera.
Sabía que lo suyo era el comercio porque de pequeño, cando iba a Becerreá, le llamaba la atención la cantidad de comerciantes que visitaban el pueblo y que venían a vender sus productos. José quería trabajar de lo mismo.
Antes de emigrar fue a Becerreá a aprender carpintería, porque se decía que al tener un oficio era más fácil encontrar trabajo en la emigración. No se estudiaba el oficio para quedarse en Galicia. Al final las cosas salieron de forma distinta, y José no tuvo nunca que trabajar de carpintero.
Al chegar a Caracas empezó a trabajar de lavaplatos en el Restaurante La Cibeles. A los 18 días ya ascendiera a ayudante de cocina. En Venezuela en esas épocas, si trabajabas bien, tenías recompensa. Estuvo un año trabajando en distintos negocios que tenía un italiano de Calabria, Miguel Sacco.
Después de ese año, formó con él un nuevo negocio “Mon y Sacco”, una sociedad limitada que llevaba hoteles y restaurantes en Valencia, la ciudad industrial por excelencia de Venezuela.
La sociedad progresa durante unos años, y en ese tiempo José pudo visitar, en su tiempo de ocio, muchos países de latinoamérica: Argentina, Brasil, Uruguay, Puerto Rico, Costa Rica, etc. Tenía una buena vida.
Todo cambió cuando su socio muere de forma prematura e inesperada. Los herederos deciden vender su parte a José, por lo que a partir de ahí él llevaba todo el trabajo. Después de tres años así, ya cansado, decidió vender su parte y volver por un tiempo a España.
La idea era pasar tres meses en España y después volver a Venezuela y emprender un novo negocio, pero en esos tres meses conoció a la que sería su mujer y casó con ella después de seis meses de novios. Su mujer estaba en ese momento estudiando en Lugo y finalmente decidieron quedarse aquí.
Desde Venezuela la comunicación con Galicia era por medio de cartas, aunque en los 14 años que estuvo allí pudo volver de visita en varias ocasiones. Las relaciones que hizo fueron, sobretodo, con venezolanos e italianos, ya que su socio en el negocio era italiano. Compartía con los venezolanos la afición a los toros, y cuando venía a España compraba carteles taurinos y los vendía a buen precio allá.
El retorno permanente se debe, sobretodo, a encontrar aquí una pareja y decidir formar una familia en Galicia. Tuvo dos hijos con ella, montó un negocio (“Supermercados Miño”) en el que trabajó hasta la jubilación, que logró con mucha ilusión.
La valoración de su experiencia fue muy positiva, y reconoce que quizás lo que más le costó fue el retorno depués de 14 años construyendo su vida en Venezuela.