A los 16 años Rosa, con sus estudios primarios, vive en una aldea carente de salidas laborales. Su hermana mayor vive en Londres y gracias a ello Rosa pudo irse con ayuda. En 1970 era obligatorio ir con contrato de trabajo, se podía ir de turista pero sólo unos días y con dinero, no se podía ir a la aventura: “ A ver que pasa“. Cuando emprendió el viaje con 16 años su destino era trabajar de “Au Pair “en una familia pero resulta que para realizar ese trabajo era necesario tener 17 años, Rosa tuvo la suerte de que su hermana fue a recibirla al aeropuerto y habló con el departamento de emigración y les pidió que la dejaran disfrutar de las navidades con ellos porque si no la deportaban. Emigración accedió y asi ganaron algo de tiempo para buscar soluciones para que no tuviera que regresar a España.
Una manera de conseguir que no la echaran del país fue apuntarse en un colegio para aprender el idioma y así lo hizo. Su hermana trabajaba en un hotel donde hacían banquetes y la llevó al hotel para trabajar de camarera, donde estuvo una temporada corta pero finalmente lo tuvo que dejar, ya que no podía con el peso de los platos. En cuanto pudo se cambió para una fábrica de costura donde Rosa no cosía pero ponía las etiquetas a las piezas de ropa, las tallas, cortaba los hilos que quedaban sueltos.
A los 18 años hizo su primer contrato de trabajo con una agencia y trabajó en un hotel . En este tiempo conoció a su marido que era de A Coruña, se casaron cuando Rosa tenía 19 años y nació su primera hija al año siguiente, Sonia. Dejó el Hotel y regresó a la fábrica de costura porque le permitían trabajar desde casa, le enseñaron a coser, le prestaron una máquina de costura y ella podía realizar las prendas en casa mientras cuidaba a la niña. Cuando Sonia cumplió 3 años la llevó a una guardería española.
También trabajó en una frutería durante un breve período de tiempo y en 1981 las monjas de la guardería le ofrecieron una plaza que quedó vacante para cuidar a los niños. Rosa les comentó a las monjas que no tenía preparación pero a las monjas no les importó y le dijeron que ya se formaría mientras estaba trabajando y así lo hizo, realizó muchos cursos para formarse. Estuvo trabajando en las guarderías españolas durante 22 años; estas guarderías pertenecían al gobierno español y eran para niños con un progenitor español; estaban subvencionadas y pagaban cuotas muy bajas.
Después de sus años en las guarderías, en 2003 pasó a trabajar en la Consejería de Trabajo en Londres en la que permaneció hasta la edad de jubilación en 2021. La vida social fué entre españoles. El acogimiento por parte de los ingleses en el país fue muy bueno pero realmente Rosa siempre se relacionó con españoles o con griegos, que en su opinión, son más parecidos culturalmente a los españoles. Las familias inglesas con las que más trato tuvo fueron los padres de los compañeros del colegio de sus hijas.
Rosa siempre estuvo encantada en Londres y si una de sus hijas no viviera en Monforte, cree que no hubiera regresado a Galicia nunca.