Carmen nació en la parroquia de Sta. María de Trasmonte (Ames) en plena postguerra (1940). Es la segunda más pequeña de ocho hermanos. Su padre era labrego y acudía a la iglesia a menudo, como músico responsable del acompañamiento en la misa y en funerales, el que ayudaba a tener algún ingreso económico a mayores. Su madre se encargaba con él de los trabajos en la tierra y el cuidado del hogar y de los hijos.
De muy joven iba con sus hermanas a la iglesia, y así despertó su vocación religiosa. Surgió la oportunidad de trasladarse, primero a Pamplona y después a Ciempozuelos, para después dar el salto a Argentina. Inicialmente estuvo en Rosario durante 10 años, en un colegio de niñas, en régimen de internado. Aproximandamente 90 chicas de 14 a 18 años que estudiaban por la mañana y por la tarde realizaban talleres aprendiendo a hacer fundas de colchones que después se vendían a tiendas importantes argentinas. Cuenta Carmen con mucha satisfacción que aquellas chicas aprovecharon las oportunidades y llegaron a ser grandes profesionale trabajando, muchas de ellas, en tiendas de moda de la capital. Hoy aquel colegio pasó a ser un Instituto mixto donde se imparten clases de Formación Profesional y Bachillerato.
Después se trasladó a la Pampa, a Santa Rosa, donde se haría cargo, en otro colegio, de niñas más pequeñas procedentes de familias con recursos limitados. En 1975 se marchó a Bos Aires donde la orden tenía otro colegio y convivían alumnas de todos los estamentos sociales, muchas de ellas eran hijas de emigrantes. Recuerda como se juntaban las familias el fin de semana en el colegio para intercambiar desde recetas de cocina, juegos, vivencias… “Allí aprendín a facer la pizza con los maestros italianos…” “Era magnífico, las chicas adquirían una formación excelente y salían muy bien preparadas para el mundo laboral”
Tiempo después se trasladó a barrios más humildes como las Villas de San Petesburgo o Ramos Mejía donde el trabajo era diferente, dedicaba mucho tiempo al apoyo escolar, a la catequesis y a la formación de los jóvenes para apartarlos del mundo de la drogadicción. Por las tardes, después de las clases de la mañana, dedicaba su tiempo a la formación de padres y madres para ayudar en la educación de sus hijos e hijas.
Relata Carmen que, desde que marchara con 20 años de Trasmonte, volviera a casa ocho años después por primera vez, después cada cuatro más o menos, (“nos turnábamos juntando los ahorros para poder pagar el viaje”).
En 1990 regresa a España y sigue su labor en distintos lugares: diez años en Murcia, diez en Valencia, siete en Almería y desde hace casi 6 años está en Compostela en las Oblatas. A sus 83 años sigue trabajando con el mismo entusiasmo, ayudando a quien lo necesita, dedicando su tiempo a la congregación haciendo labores de secretaría, de portería, acompañando en sus necesidades a las compañeras de más edad o con problemas de salud, ayudando en el albergue de Xoán XXIII, en la Asociación Vagalume, en Cáritas…
Ella es socia del Espazo +60 de Compostela y nunca falta a las clases de Taichi de los viernes y a los cursos de Cultura digital que dice que le ayudaron mucho en su trabajo administrativo. “El tren ahora va muy rápido y no puedes dejarlo pasar, hay que subir como sea!!!”.