Háblame de la emigración

Mª José emigró con su familia a la edad de 8 años a Francia, a la alta Saboya (Haute Savoie), concretamente a un pequeño pueblo de aproximadamente 200 habitantes llamado Magland en los Alpes.
El motivo que la llevó a emigrar con su familia fue por temas políticos, su padre era comunista y corría el riesgo de acabar en la cárcel o incluso ser asesinado por no compartir las ideas del régimen. Su padre era conocido con el apodo de Pepiño Pascual.
Al principio solo se marchó su padre y encontró trabajo en una empresa de tornillos, después le siguió el resto de la familia. El viaje lo hicieron en tren y duró 3 días. Ella y sus hermanos no tuvieron ningún problema para adaptarse al nuevo modo de vida, ya que eran pequeños, no así sus padres que nunca aprendieron del todo bien el idioma. La gente fue muy acogedora con ellos, hasta tal punto que llegaron en noviembre y en las Navidades los vecinos ya les llevaron regalos.
Con el paso del tiempo se marcharon a una ciudad más grande, Cluses, donde había un centro cultural español, allí Mª José comenzó a trabajar como voluntaria los sábados ayudando a los que tenían dificultad con el idioma: pedir citas médicas, cubrir formularios,... y además se ocupaba de la biblioteca. Es en este centro cultural donde conoció al que se convertiría en su futuro marido, que es asturiano.
A la edad de 15 años ella habló con el alcalde de Cluses para solicitar un piso de protección oficial, ya que eran 5 hermanos, y le fue concedido. Allí pasaron su vida hasta la jubilación de sus padres.
Su vida laboral la desarrolló como administrativa en la empresa Siemens, ya que cursó estudios de secretariado. Mª José recalca que allí todo hijo de emigrante estudiaba con becas y las familias percibían una renta familiar por el cuidado de hijos. Su madre no comenzó a trabajar hasta que todos sus hermanos se defendieron por sí mismos.
Regresó a los 30 años porque quería que sus hijos se criaran en España. Su experiencia en la emigración fue muy positiva y volvería sin pensarlo.