Háblame de la emigración

Emilio Pérez Xeoanez nace en la ciudad de A Coruña, en Culleredo, el 13 de julio de 1928. Crece en una casa con muchas bocas que alimentar y muy bajos recursos, por lo que recurre a la emigración. Emilio era de los hermanos mayores por lo que sentía la responsabilidad de ayudar en casa. Dada la poca demanda de trabajo en Galicia y las deplorables condiciones de su casa, viaja a Venezuela junto a cientos de españoles para enviarle desde allí dinero a la familia.
Al llegar, ejerce de albañil como hizo toda su vida y de conductor. A los dos años ya vivía en una casa con Argentina, su mujer, y Miguel, Luis y Mercedes, sus hijos. Su mujer era de Lugo, por lo que le presentó a su círculo próximo de Venezuela, ya que ella llevaba mucho más tiempo viviendo allí, y estes se convirtieron en los compañeros de vida de Emilio. En este tiempo la relación con su familia seguía intacta; hablaban por cartas, y aunque tardaban quizás semanas en llegar, la conexión entre ellos no cambió.

Emilio tuvo mucha suerte en el país en el sentido de encontrar con facilidad un trabajo relativamente bien pagado y una compañía agradable. Trabajó el primer año de conductor, y desde ese momento en adelante ejerció de albañil como ya hiciera anteriormente. Y por otra parte su vida se completaba gracias a las amistades que encontró allí formando un grupo variado tanto de emigrantes gallegos como de personas de aquel país.

Cuando ya llevaba cerca de seis años en el país decide volver a Culane para vivir durante un tiempo cerca de su familia dejando unos años su segundo hogar. Al llegar se de cuenta que España está igual o peor que antes de su partida, pero le tiene tanto cariño que no le supone un problema para vivir allí. Y tres años después decide volver a viajar de nuevo a Venezuela, y así sucede.

A medida que sus hijos crecían, cada uno toma sus decisiones. Actualmente dos de ellos, viven en Ourense y el otro en Venezuela. Sin embargo, Emilio se enamoró tanto de Venezuela como su mujer, y finalmente decidieron pasar el resto de su vida allí. Emilio muere el 5 de noviembre de 2012 a los 84 años a causa de un cáncer en aquel país. Tuvo unos últimos años de vida limitados a causa de la enfermedad con la que llevaba luchando un tiempo, pero él repetía constantemente que a pesar del cáncer, su vida fuera maravillosa.

Ahora esta historia perdura en las generaciones de mi familia gracias a la humilde y encantadora personalidad de Emilio que se dio a conocer tanto por los alrededores de la ciudad de Maracaibo como en A Coruña.