Háblame de la emigración

José A. emigró a Suiza con veinticuatro años animado al ver el éxito de otras personas conocidas que se habían marchado antes que él. La integración en el nuevo país le resultó buena de llevar, sobre todo al conseguir dominar un poco el idioma, además de que para él el trato allí siempre fue muy correcto. Trabajo nunca le faltó, ya fuese en la hostelería, en la construcción o en correos, siempre tenía a donde ir, al tiempo que aprendía muchos oficios diferentes.
Todo el tempo que estuvo allí mantuvo sus vínculos con los familiares y amigos, primero por carta y después por teléfono, hasta que a los sesenta años tuvo lugar el regreso a Galicia.
Aunque José se integró bien en el país de acogida y su vida allí fue satisfactoria y resultó una experiencia positiva, nunca perdió su identidad gallega. Entender la cultura ajena, manteniendo viva la suya propia fue una cuestión importante para él, era la manera de aprender a formarse, aceptando primero sus raíces, «además, en aquella época los españoles no teníamos mucha formación».

Con los compañeros de trabajo en la inauguración de un nuevo taller
Con sus compañeros de trabajo posando con el primer chasis de locomotora que se montó en la empresa
En una excursión organizada por la empresa
Con unos compañeros de trabajo en la inauguración de un nuevo taller
Dando un paseo por Zurich Berg
Trabajando junto a una turbina hidroeléctrica
De vacaciones en Caracas cuando trabajaba en Tacher (Venezuela)