Los padres de Jesús, a pesar de disfrutar de una holgada situación económica, emigraron a Alemania quedando él y su hermana pequeña en Betanzos bajo el cuidado de sus abuelos. En el año 1968, con 13 años, asistía al colegio, a la clase de D. Constantino, después de haber recorrido varios colegios de la zona con resultado final en todos ellos muy similar ya que el cambio venía siempre precedido de una llamada del director del colegio a su abuela invitándole a llevarse a su nieto para otro centro. El motivo no era otro que a Jesús no le gustaba estudiar y la mayoría de las veces faltaba a clase. Como él mismo dice “yo era un cafre, buen chaval, eso sí, pero cafre y algo traste, y no me gustaba estudiar y quería trabajar”.
Ante esta situación, al finalizar el curso e inicio de las vacaciones escolares, sus padres tomaron la decisión de que se fuera con ellos a Suiza con la idea clara de “meterle caña” y hacerle reflexionar para que al experimentar la dureza del trabajo recapacitase y le cogiera gusto al estudio; el deseo de sus padres, tenía un plazo de cumplimiento ya que su objetivo era que al finalizar el verano resultara tiempo suficiente y deseara volver a Betanzos para empezar el curso escolar entusiasmado por estudiar.
A punto de cumplir los 14 años, junto con sus abuelos se desplazaron en taxi desde Betanzos hasta Madrid, un lujo en aquella época, que sus padres vieron necesario afrontar porque querían evitar riesgos innecesarios asegurándose de que Jesús no se desviara por el camino y llegara a su destino. En Madrid lo embarcaron en avión destino Zurich. Allí, en el aeropuerto, lo estaban esperando sus padres.
Al día siguiente de llegar, a las 5 de la madrugada, el padre lo llamó para que se levantara y llevarlo a trabajar. De manera ilegal, porque no tenía la edad mínima establecida para hacerlo, empezó a trabajar realizando múltiples tareas que le llevaban prácticamente todo el día: limpiar a mano las alfombras del hotel; dar cera, de rodillas, para pulir el suelo de las boleras; limpiar los zapatos que los clientes del hotel dejaban colocados en la puerta de la habitación, tarea que no era de su agrado, pero sí le gustaba y recuerda con una sonrisa, la propina espléndida que normalmente le dejaban en el interior de los zapatos; ir a buscar la correspondencia al apartado de correos; limpieza de jardín con cortacésped; al mediodía, ayudante del padre en la cocina, lavando perolas y pinche de los 4 cocineros que preparaban las comidas.
Por la tarde, iba a la lavandería para ayuda a su madre a doblar la ropa y utilizar la plancha de vapor; por la noche, aprendiz de cocina. Trabajaba sin descanso desde las 5 de la madrugada a las 8 de la tarde.
El martes, único día libre que tenía a la semana, lo dedicaba a ayudar a su madre en la cocina y también hacían alguna excursión con sus padres. Las únicas amistades que tenía era el propio personal del hotel, chicos algo mayores que él, y los hijos del dueño del hotel con los que en alguna ocasión iban a ver el circo.
El hotel en el que trabajaba Jesús estaba situado en Brugg, en el Cantón de Argovia, zona de Suiza en la que se habla alemán y a él se le daba fatal hablarlo y tampoco entendía nada. Un día, un suizo que trabajaba allí, le ofreció enseñarle alemán a cambio de que él le enseñara a hablar en español. Transcurridos 3 meses, su compañero Kurt hablaba español y Jesús no aprendió alemán, pero sí el italiano con tal fluidez y acento que en alguna ocasión creyeron que era originario de Italia.
Todo el dinero que ganaba se lo daba a sus padres y ellos le compraban algún que otro capricho aunque él era bastante austero y no pedía demasiado, aunque recuerda sentirse un privilegiado por tener un tocadiscos con altavoz incorporado, un bien preciado y deseado por muchos que no se lo podían permitir. Otro gusto que tenía, era una vez a la semana, de paso que iba a buscar el correo, entrar en la tienda de discos que le quedaba de paso y comprar un disco single a la semana, alternando música española y música italiana.
Estuvo trabajando durante 6 meses hasta que el dueño del hotel se jubiló y cerró.
Salieron de Suiza y vinieron a Betanzos donde permanecieron por unos meses por cuestiones médicas de su padre ya que entonces realizaban unos controles médicos tan exhaustivos que si detectaban cualquier anomalía no les permitían trabajar allí.
El 19 de marzo de 1969, viajan de nuevo, en esta ocasión con destino Alemania, a Backnang, situado a 20 km de Sttugart.
A los 15 años empezó a trabajar en una fábrica textil, de 6 de la madrugada a las 2 del mediodía. En este tiempo, se dio cuenta de que además de trabajar quería aprender, y contó cómo no, con el apoyo de sus padres y con la alegría que les supuso recibir esta noticia. Le favoreció el que los menores de 18 años, un día a la semana tenían que dedicarlo para aprender un oficio, pagado por el gobierno alemán. El primer día de curso, llevó unos libros para aprender radio y televisión y le dijeron que tenía que cambiarse de aula para ir a otra en la que impartían esta formación y en la que, para su sorpresa, todos eran alemanes.
Afortunadamente, Jesús ya se desenvolvía con el idioma, aunque no con demasiada fluidez, no tenía inconveniente para hacerse entender con el profesor y sus compañeros. Además, por las noches, iba a otra clase para aprender soldadura, oficio muy bien pagado.
Los sábados organizaban fiestas con baile y servía para relacionarse y sentir el aprecio de todos los compañeros.
A pesar de que todo les iba muy bien, Jesús no quería que sus padres y su hermana se quedaran definitivamente en Alemania, ya que si él se quedaba ellos se quedarían a pesar de que su idea inicial era estar en Alemania temporalmente. Así que cuando cumplió 18 años, decidió dar un giro a su vida y romper con todo para regresar para España porque él no quería quedarse allí para siempre ya que veía que compañeros que tenía allí, se casaban con alemanas, italianas, portuguesas….y en la mayoría de los casos fracasaba el matrimonio.
Cuando se lo comunicó a su jefe, éste, con la intención de convencerlo para que se quedara allí, le ofreció un ascenso importante y mejor paga, pero Jesús ya había tomado su decisión: en 1972 regresó definitivamente a España, a su Betanzos natal y en 1975 tras un noviazgo corto se casó con Marisa, amor de su vida y una gran compañera, con la cual formó una familia de la que se sienten muy orgullosos.
Hoy cuenta, con una sonrisa en la cara, que el deseo de sus padres de que estudiara y fuera “un hombre de provecho” se vio sobradamente cumplido porque empieza a contar y casi no le llegan los dedos de la mano para enumerar los títulos académicos que fue recopilando a lo largo de su vida: Técnico de radio y tv; Soldador, patrón de pesca, patrón portuario, mecánico de lancha, técnico en jardinería, formador de formadores…