Háblame de la emigración

José emigró a Austria en 1967, con 13 años cumplidos, para ayudar económicamente a sus padres con el objetivo de poder comprar un piso en el momento en que pudieran retornar a España.
Su padre, marchó a Inglaterra en 1962 y permaneció allí hasta 1964; en ese año, el gobierno austríaco, ante la escasez de mano de obra en la construcción, envió contratos de trabajo para gente que quisiera ir allí a trabajar por lo que ante esta posibilidad de mejorar decidió dejar Inglaterra y marchar a Austria.
Tres años más tarde, en 1967, decidió que fueran para allí, su mujer y sus 2 hijos mayores, Lourdes de 15 años y medio y José, con 13 años y medio, para que trabajasen y pudieran aportar dinero a la maltrecha economía familiar; en Betanzos, quedaron otros 3 hijos más jóvenes al cuidado de una tía de la madre.
Para José, esta marcha supuso un trauma muy importante en su vida y a día de hoy todavía se emociona al recordar aquella etapa en la que de forma abrupta tuvo que abandonar lo que hasta ese momento había sido su vida: los estudios, amigos que tenía desde su infancia, su entorno...
El 15 de junio de 1967, salieron en tren desde Betanzos con destino Irún-Hendaya-Ginebra-Zurich y finalmente, después de dos días y dos noches viajando en tren, llegaron a su destino:
Feldkirch (Austria). Las imágenes grabadas en su memoria son devastadoras: hacinamiento, gente amontonada en las estaciones cuando tenían que hacer trasbordo, sin servicios que aliviaran los tiempos de espera, montones de maletas por el suelo…”Parecíamos conejos en una granja… Fue muy triste”.

La primera sensación que recuerda al bajar del tren fue el olor, no puede decir si mejor o peor, pero sí diferente, nada que ver al que estaba acostumbrado en su Betanzos natal.
Cuando llegaron a la casa dónde iban a vivir, una casa de alquiler, antigua y de madera, inmediatamente, “pero YA”, se hubiera cogido un billete para regresar a su origen, si tal posibilidad hubiera estado en sus manos.
Los primeros seis meses en Austria, le resultaron muy tristes, con un gran sentimiento de desarraigo, ya que se sentía solo, sin amigos, sin conocimiento del alemán; el hecho de que sus padres no lo inscribieran en ningún colegio para que pudiera continuar sus estudios acentuó ese sentimiento de aislamiento, ya que, salvo por la noche que veía a sus padres y hermana, se pasaba el día solo, y su entretenimiento era pasear por la mañana y por la tarde, sentarse en el parque observando a la gente que pasaba, aunque no podía hablar con nadie porque desconocía el idioma y si alguna persona se aproximaba por iniciar una conversación con él o preguntarle algo, su única respuesta era “yo español” lo cual ya abortaba cualquier posibilidad de
relacionarse.
José recuerda esos seis primeros meses como “muy tristes y muy duros”, se sentía solo, triste y aislado, en una país con una cultura muy diferente y superior a la suya, un sistema de vida que no guardaba ninguna relación con lo que él había vivido hasta el momento y el nivel cultural de la gente, también mucho más amplio que aquí.
Recuerda que a pesar de llegar en pleno verano, el clima era más frío que aquí y sobre todo le sorprendió que no vio ninguna fiesta, ni verbenas, ni celebraciones de ningún tipo; tampoco había conversaciones entre vecinos, de puerta a puerta, de ventana a ventana, o en la calle, ni ninguna demostración de cercanía o de familiaridad…a la que él estaba habituado en Betanzos.
Allí la gente vivía su vida de puertas para adentro.
A partir del séptimo mes de su llegada, de casualidad, un día que él estaba esperando a que su padre saliera de trabajar, coincidió que al lado había un campo pequeño de futbol en el que estaban jugando dos equipos de jóvenes de su edad y que le sirvió de entretenimiento para mirar como jugaban mientras tanto no llegaba su padre.
Es en ese momento, el que José considera que marca el comienzo de su experiencia positiva en Austria.
Había dos equipos de jóvenes que estaban jugando al futbol, todos austríacos, y en un descanso del partido, uno de ellos se le acercó y por señas le preguntó si quería jugar y él, inmediatamente y sin pensarlo, le dijo que sí.

Después de haberlos estado observando durante largo rato, pensó que él estaba a buen nivel y que podría jugar sin quedar en evidencia. Su calidad en el juego hizo que marcara un montón de goles, y a pesar de que su equipo estaba en inferioridad numérica, ganaron el partido por goleada. Como él mismo dice, eso supuso un gran éxito porque “entró por la puerta grande” ya que unos días más tarde, el padre de uno de los chicos, lo presentó en el club de la ciudad y lo ficharon para jugar en el equipo de juveniles y a partir de ahí comienzan sus primeras experiencias positivas, a entablar relaciones y aprender alemán por sus compañeros de fútbol. A donde iban ellos, iba José, a la piscina, a eventos, bailes…..y también conoció al primer amor de su vida y que duró el tiempo que tardaron los padres de ella en enterarse cuando, por prejuicios, la amenazaron con enviarla a un internado si continuaba con esa relación. Años más tarde le pidieron disculpas por su actitud.

Durante dos años, de 14 a 16 años, José estuvo trabajando clandestinamente porque en Austria, en ese momento, la enseñanza era obligatoria hasta los 16 años. Así que, por mediación de unos amigos de su padre, entró a trabajar primero como ayudante de cocina en un colegio seminarista en dónde hacía todo tipo de tareas en cocina y después de un año, también de manera ilegal, como ayudante de carpintería.
En 1970, con 16 años y con su primer contrato laboral legal, entró a trabajar en una empresa de hormigón (aprendió allí porque no tenía formación anterior); trabajaba a destajo, ya que si él trabajaba a mayor ritmo, a un ritmo acelerado, producía más de lo establecido, le pagaban más.
Suponía trabajar muchas horas diarias y con riesgo. Los fines de semana, en lugar de descansar, aprovechaba para ir con su padre a preparar jardines. Lo recuerda como una época de trabajo duro.
En su continua lucha por mejorar sus condiciones de vida y conseguir mejores trabajos para ganar más y también para ahorrar más con el fin de dárselo a sus padres, le llevó a sacar el carnet de conducir y con 18 años recién cumplidos, ya podía conducir todo tipo de vehículos desde motos, coches, camiones, tractores y maquinaria pesada de trabajo.
Dejó el anterior trabajo y comenzó como conductor de camión de reparto de comestibles y seis meses más tarde, en otra empresa como conductor en una empresa de construcción, dedicándose al transporte internacional recorriendo las rutas por Austria, Alemana, Suiza, Hungría y Checoslovaquia, lo que le obligaba a estar toda la semana fuera de casa pero que a pesar de ello, la considera la mejor empresa de su vida y la mejor experiencia como camionero, porque estaba muy bien reconocido en su trabajo y muy bien pagado. En esta empresa, estuvo hasta el año 1977, ganando mucho dinero.
En Austria, a partir de los 18 años, mayoría de edad, todo hijo que vivía con sus padres, tenía que aportar una cuota mensual o un porcentaje de su sueldo, según acordasen con los padres, para ayudar en los gastos de mantenimiento de la casa; en el caso de José, aportaba la totalidad de su sueldo salvo un pequeño porcentaje para pequeños gastos, y renunciando a muchas otras cosas como comprar una moto o un coche para desplazarse al trabajo, visitar a amistades o salir de excursión.

Esta vida de esfuerzo y de renuncia, fue determinante para que él pudiera lograr el objetivo por el que habían emigrado a Austria ya que pudo comprar en Betanzos un piso para sus padres. José recuerda esta etapa de su emigración, como una experiencia muy bonita, años de mucho esfuerzo y trabajo pero también muy felices a pesar de que también tuvo oportunidad de descubrir y ver el lado oscuro de las diversiones de la juventud lo que le llevó a apartarse de algunos de sus compañeros de trabajo con los que salía y relacionaba hasta entonces.
Después de un paréntesis de cuatro años en España, José, a través de un antiguo compañero de Austria, decide marchar a Suiza con un claro y único propósito: ganar el suficiente dinero para construir una casa para él.
En Suiza estuvo siete años; fue una etapa de mucho trabajo. Su experiencia anterior en Austria y el conocimiento de alemán, le facilitó mucho las cosas porque pudo conectar desde el primer momento con los jefes, encargados y compañeros de la empresa. También la mentalidad y el sistema de vida, las costumbres eran muy similares a Austria por lo que desde el principio se
adaptó y conectó con facilidad con la realidad de este país.
José consiguió su propósito, pero a base de trabajar mucho, muchas horas y llegando a simultanear cuatro trabajos a la vez. A Suiza fue a ganar dinero, con la mentalidad de trabajar todo lo posible y diversión cero. Nunca dijo no a ningún tipo de trabajo y siempre estuvo dispuesto. A pesar de este esfuerzo, considera esta etapa muy positiva y gratificante.