Os voy a contar brevemente como fue la emigración a Francia de mi abuelo. Emigró a Francia en el año 1962, al poco tiempo de casarse con mi abuela. Juntos tomaron esa decisión, ya que en Monforte no tenían trabajo fijo. Como dice mi abuelo, “a buscarse la vida”.
Unos compañeros del pueblo le propusieron que se fuera con ellos a Francia, que encontrarían trabajo seguro y que les ayudarían en todo, así que contando con su apoyo partieron a la aventura. Cuando salieron de Monforte tenían 24 años. Mi abuelo empezó a trabjar en la construción de unos chalés, y mi abuela en un hotel, nunca les faltó trabajo, aunque pasaban todo el día trabajando para poder ahorrar el máximo posible.
Para mi abuelo no existían los fines de semana, todos los días eran los mismos, ya que hacían obras extras para ganar más dinero. Al principio fue duro, ya que no conocían el idioma ni conocían los francos franceses, pero poco tiempo después se adaptaron, se defendían como podían y lograron salir adelante.
Había españoles, italianos, portugueses y marroquís trabajando con mi abuelo, al poco tiempo los acogieron como si fuesen de la familia. Todos los comienzos son difíciles, y lejos de casa aún más, ya que todos tenían morriña de la familia y compañeros.
Mis abuelos tenían dos niñas, la mayor quedó 4 años a cargo de una hermana de mi abuela, y la pequeña, que es mi madre, 2 años, después las llevaron con ellos y las escolarizaron en Francia. La relación con la familia desde tan lejos era dura, sólo por las cartas, ya que no había las tecnologías de ahora.
Ya consiguieran llevar las hijas, el segundo paso sería alquilar una casa, ya que cuando llegaron vivían en una habitación, y no había espacio para los cuatro, pero ya se sentían como una familia normal. Echaban en falta muchas cosas, su tierra, a sus padres, hermanos, compañeros… mucha nostalgia, aunque escribían muchas cartas para estar en contacto constantemente y venían de vacaciones al pueblo cuando podían así pasaron largos años.
Cuando las niñas tenían 8 y 10 años decidieron retornar, principalmente por los estudios de las niñas, ya que pensaban que si no regresaban ahora, posiblemente quedarían en Francia para siempre.
A mi abuelo, la emigración los benefició mucho económicamente, ya que cuando regresó casi tenían terminada la casa en Monforte. Después en el bajo montó una cafetería, y compró una finca en la playa, en la que hoy tiene una casa.